lunes, 21 de abril de 2014

La desaparición de la escuela

La desaparición de la escuela. En una última instancia, cabe la posibilidad de que el colegio, tal y como lo conocemos hoy en día, desaparezca. Algunos afirman que porque el centro escolar como tal desaparecerá, y la educación se trasladará a la esfera privada de cada hogar. Otros, porque anticipan la aparición de nuevos centros que no se destinarán únicamente a impartir clases, sino donde también los niños podrán realizar deporte, jugar con sus compañeros, comer, cenar, pasar su tiempo libre… En cualquier caso, lo que está claro es que, en un sentido u otro, los horarios de ocho a cinco están mucho más cerca de extinguirse de lo que pensamos.
Las nuevas tecnologías ofrecen una personalización que el antiguo sistema –todo el mundo leyendo a la vez el mismo libro– no era capaz de ofrecer”. Fue el escritor futurista Alvin Toffler el que pronunció dicha aseveración la pasada década, en una entrevista para la revista Edutopia. Toffler iba aún más allá y aseguraba que las formas de aprendizaje están condenadas a la evolución si no queremos que el hombre sea superado por la tecnología que él mismo ha creado. El autor de La revolución de la riqueza apostaba por el “cierre de la escuela pública” en Estados Unidos y la proliferación de las charter schools (algo así como centros concertados) que, financiadas por dinero público, gozan de una amplia independencia en sus decisiones y programas educativos.
Toffler enunciaba en su intervención algunas de las características que los expertos en educación aseguran que marcarán el futuro inmediato de la educación y que, obviamente, se topan a diario con muchos problemas logísticos y de financiación. Escuelas abiertas las 24 horas del día, compatibilidad del trabajo de los profesores con otras dedicaciones, programas educativos integrados en diferentes disciplinas, experiencias educativas personalizadas…. En definitiva, una flexibilidad que caracteriza a esas charter schools y que, señala el escritor, ya no responde, como en el pasado, a las necesidades de una sociedad industrial que había perfilado la escuela tradicional, sino a las de la sociedad del conocimiento en que vivimos.